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REFORMA COMUNITARIA DE LA INMIGRACIÓN

Somos una nación de inmigrantes. Nuestra diversidad es lo que nos hace más fuertes como país. Venimos de todos los ámbitos de la vida, descendientes de aquellos que vinieron a los Estados Unidos en busca de una vida mejor. A lo largo de nuestra historia, nuestra nación ha triunfado porque se basa en el sueño americano: no importa quién es usted o de dónde es, si está decidido y trabaja duro, puede salir adelante.

Estoy harto de nuestros líderes en Washington, Donald Trump y sus facilitadores en el Congreso, como el representante Lee Zeldin, que están avivando los temores y dividiéndonos, en lugar de unirnos.

Así como Washington está roto, también lo está nuestro sistema de inmigración. En lugar de saltar arriba y abajo y señalar con los dedos, es hora de que el Congreso se arremangue y se ponga a trabajar. Necesitamos una reforma migratoria real y de sentido común que sea fiel a nuestros valores estadounidenses: estricta en materia de seguridad fronteriza y cumplimiento en el lugar de trabajo, justo para los contribuyentes estadounidenses y enraizada en soluciones prácticas para encontrar formas realistas y duraderas de restablecer el estado de derecho. Nuestro camino hacia la reforma migratoria debe enfocarse en mantener a las familias unidas e implementar políticas que hagan crecer nuestra economía, crear empleos y fomentar la innovación.

En lugar de denigrar las acciones y la retórica contra los inmigrantes encabezada por Trump, debemos tratar a todas las personas con respeto. Eso significa un camino difícil pero justo para obtener la ciudadanía para aquellos que trabajan duro y respetan las reglas. Pero, al mismo tiempo, debemos asegurar nuestras fronteras, proteger nuestra seguridad nacional y responsabilizar a las empresas que trafican con la inmigración ilegal.

Es indignante que Donald Trump y los republicanos en el Congreso se nieguen a actuar en el Dream Act. Estos jóvenes crecieron en los Estados Unidos, son un contribuyente positivo a nuestra economía, y deberían tener un camino hacia la residencia permanente y, finalmente, la ciudadanía. Los miembros de ambas partes acuerdan que estos jóvenes trabajadores deberían poder contribuir plenamente al país en el que han construido sus vidas. Además, la cancelación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para los salvadoreños es tanto injusta como inhumana: debemos solución de inmigración que es integral. Es hora de actuar.